MUÉVETE: ESTÁS HECHO PARA ESO
- Àngels Frías

- 12 may
- 3 Min. de lectura
Estamos diseñados para movernos, pero parece que el sedentarismo está ganando protagonismo.
Vivimos tiempos en los que el cuerpo ha sido, en muchos sentidos, olvidado; la mente, hiperestimulada; y las emociones, contenidas. La biología choca con la vida moderna y se olvida de algo esencial: estamos hechos para movernos.
Pero el movimiento no es solo ejercicio físico.
Es una vía directa a la energía vital, el bienestar emocional y la claridad mental.
El movimiento como medicina cotidiana
Te invitamos a redescubrir el movimiento como una medicina cotidiana:
una práctica sencilla, accesible y profundamente transformadora.
Más allá de las calorías: energía en movimiento
En la medicina tradicional china se dice que, cuando el Qi (energía vital) se estanca, aparece la enfermedad. Y el Qi se activa a través del movimiento.
No hace falta correr una maratón para encenderlo. Caminar, estirarse o bailar puede ser suficiente. Cada gesto es un acto de activación.
Desde la psiconeuroinmunología, el movimiento se reconoce como un regulador clave del eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal, con beneficios como:
Disminuir el cortisol
Mejorar la sensibilidad a la insulina
Activar el sistema inmune
Reducir la inflamación crónica
El movimiento es medicina. Especialmente para quienes sufren fatiga crónica, apatía o bloqueo emocional.
Pero cuidado: no se trata de exigirse, sino de escucharse. La clave no está en el HIIT extremo, sino en encontrar un ritmo que te devuelva vida, no que te la quite.
Tu cuerpo, tu vehículo
Con los años, nos acostumbramos al dolor, la rigidez y la limitación.
Pero el cuerpo tiene una capacidad asombrosa de adaptación… si lo tratas con respeto.
Moverse con consciencia —ya sea a través del yoga, la danza, el entrenamiento funcional suave o incluso caminar descalzos—:
Lubrica la fascia
Fortalece los músculos estabilizadores
Mejora el equilibrio
Activa el sistema nervioso parasimpático (el que te ayuda a descansar y sanar)
Mente en movimiento = cerebro vivo
El movimiento no es solo cosa del cuerpo. También alimenta el cerebro.
Moverse estimula la neuroplasticidad, el aprendizaje y la memoria. Está demostrado que la actividad física regular:
Mejora la función cognitiva
Protege frente al deterioro neuronal
Favorece un estado de ánimo más estable
El deporte es uno de los antidepresivos más potentes que existen:
activa serotonina, dopamina y noradrenalina de forma natural.
Además, los movimientos rítmicos (caminar en la naturaleza, nadar, bailar…) inducen un estado de flow, una forma de meditación activa que potencia la creatividad.
Mover el cuerpo también es mover ideas, emociones y creencias estancadas.
¿Has probado a poner tus problemas a caminar? Funciona.
¿Por dónde empezar?
Aquí van algunas estrategias prácticas para integrar el movimiento en tu día a día:
Empieza el día moviéndote, sin móvil.
Esos minutos son sagrados y suelen desaparecer sin darte cuenta.
Acuéstate 20 minutos antes y despiértate más temprano.
Tendrás tiempo para moverte sin excusas ni imprevistos.
Deja la ropa deportiva preparada.
Vestirse ya es medio camino.
Apúntate a un gimnasio, clase de yoga, pilates o danza cerca de casa o el trabajo.
¡Póntelo fácil!
Empieza con metas reales.
Pasar de 0 a 2 veces por semana es un éxito. ¡Celébralo!
Elige algo que disfrutes.
Al principio, el placer será tu mayor motivación.
Si puedes, contrata a un entrenador personal.
Que adapte la práctica a ti y te ayude a mantener el compromiso.
Muévete para no perderte
Incorporar movimiento a tu día a día no es solo cuidarte físicamente.
Es recuperar una parte de ti que nunca debiste perder.
Porque como dijo George Bernard Shaw:
“No dejamos de movernos porque envejecemos;
envejecemos porque dejamos de movernos.”




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