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ÁSKESIS: Cuando el ayuno se convierte en entrenamiento del alma.

Actualizado: 11 ago

Hace unas semanas tuve la oportunidad de participar en ENKRATEIA, un programa muy especial creado por Pedro Vivar (@pedrovivar_), ofreciendo una ponencia dentro de la semana dedicada al ayuno y a los estímulos horméticos. En este programa se combinan retos físicos y mentales con principios filosóficos, especialmente del estoicismo, para que cada experiencia tenga un sentido más profundo. Me identifico mucho con este enfoque, porque en mi trabajo busco que la salud no sea solo una cuestión física, sino una práctica integral donde cuerpo, mente y actitud ante la vida se entrenen de forma coherente.


La semana estaba dedicada a la ÁSKESIS, una palabra de origen griego que significa “entrenamiento” o “ejercicio”. En la filosofía antigua, no se limitaba al plano físico: era un camino voluntario de esfuerzo consciente, diseñado para templar el carácter y ordenar la mente. Practicar la ÁSKESIS es, en esencia, elegir de forma deliberada ciertas incomodidades como el ayuno, el frío o la quietud, para aprender de ellas, fortalecer la voluntad y descubrir que muchas de nuestras necesidades son, en realidad, hábitos o creencias.


Lo viví como un regalo y una responsabilidad: poder compartir mi experiencia y conocimientos con personas dispuestas a experimentar en su propio cuerpo aquello de lo que hablábamos, en un entorno donde la comunidad creada por Pedro aporta apoyo, compromiso y un sentido de propósito compartido. No se trataba de competir ni de imponerse nada, sino de abrir un espacio para observar qué ocurre cuando nos quitamos lo que normalmente nos distrae, nos anestesia o nos ocupa el tiempo.


Durante cinco días, practicamos duchas frías y, por supuesto, el ayuno. Pero más allá de la ausencia de comida, el verdadero reto fue el silencio que deja. Ese espacio interior donde, sin excusas ni distracciones, podemos escucharnos de verdad, reconectar con lo esencial y descubrir que, a veces, lo que dejamos ir es tan importante como lo que decidimos mantener.



¿Qué es el ayuno y por qué puede ser transformador?


Ayunar no es dejar de comer, es dejar espacio. Espacio para que el cuerpo repare. Para que la mente se aclare. Para que el alma se escuche.


Desde una mirada biológica, el ayuno es un estímulo hormético: un pequeño estrés que activa los mecanismos de adaptación de nuestro cuerpo. A través de procesos como la autofagia, mejora la sensibilidad a la insulina, reduce la inflamación y apoya la reparación intestinal y celular. Pero más allá de lo fisiológico, también ocurre algo emocional: una reconexión interna.


En palabras sencillas: dejamos de anestesiarnos con comida, con comodidad y con automatismos… y empezamos a sentir de verdad.



¿Y si no hace falta tanto?


No se trata de hacer ayunos largos, extremos o rígidos. A veces basta con no cenar tarde, con desayunar una hora más tarde, con escuchar las señales del cuerpo en lugar de seguir el reloj o el hábito.


Muchas personas que participaron en esta experiencia compartieron sensaciones inesperadas: claridad mental, ligereza, introspección, fuerza. Pero también cansancio, hambre emocional, frío o incomodidad. Y está bien. El proceso no siempre es cómodo, pero muchas veces es necesario.



Una práctica, no una imposición


ÁSKESIS no es una moda. Tampoco es una obligación. Es una elección libre de observarnos con más verdad. No todos los cuerpos están preparados para todo, y por eso es clave respetar los ritmos, los contextos y las necesidades individuales.


No todo el mundo debería ayunar, ni todo el mundo necesita los mismos retos. Pero todos, de alguna manera, podemos beneficiarnos de practicar la presencia, de observar nuestros hábitos y de crear pausas intencionadas.


“Nos hacemos fuertes soportando voluntariamente lo que otros solo soportan por necesidad.” — Séneca


El ayuno es una puerta. No es la única, pero sí una muy antigua y poderosa. Abrirla es decisión de cada uno. Lo importante es no entrar por obligación, sino por convicción.


Y si decides probar… hazlo contigo, no contra ti.


JC

 
 
 

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