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La salud no está en lo que haces, sino en cómo lo haces.


Orden interior: lo que realmente nos pertenece


A veces me pregunto cuántas veces sufrimos no por lo que ocurre, sino por lo que imaginamos que ocurre. Por cómo interpretamos una mirada, un silencio o un síntoma como si fueran juicios, amenazas o avisos de algo peor.


Durante mucho tiempo creí que cuidar la salud era hacer todo “bien”: comer limpio, entrenar, descansar. Y sí, eso ayuda. Pero he vivido en mi cuerpo algo que me cambió la perspectiva: hubo momentos en los que, alimentándome de forma perfecta, seguía teniendo síntomas, y sin embargo, en otros contextos menos “saludables” —pero más conectados, más humanos, más vivos— mi cuerpo respondía mejor.


No digo con esto que haya que olvidarse del cuidado. Pero sí que castigarse tampoco es la solución. A veces, lo que necesitamos no es hacerlo todo perfecto, sino vivir en paz con lo que hacemos. La coherencia, al final, alivia más que cualquier protocolo.



No es lo que pasa, es cómo lo vives


Un mensaje sin responder.

Una comida que sienta mal.

Un diagnóstico que no esperabas.


¿Y si lo que más te afecta no es eso, sino lo que te estás contando sobre eso?


Cuando hablo con personas sobre procesos de salud, me doy cuenta de que la mayoría busca una solución externa: una pastilla, un suplemento, una fórmula mágica para seguir como siempre. Incluso antes de entrar en la salud integrativa yo lo buscaba. Así nos lo venden también en los medios de comunicación, ¿no? Avances milagrosos que nos curarán el cáncer, pastillas que nos harán adelgazar… y un largo etcétera. Pero sin promover de verdad cómo prevenir todo esto. Sin cuestionar por qué hemos llegado hasta aquí.


La verdad es que muchas veces la causa está en la vida que llevamos, no en un déficit nutricional. Lo más transformador ocurre cuando dejamos de mirar hacia fuera y empezamos a observar nuestra forma de vivir, de interpretar, de decidir.


Por eso en mi trabajo solo acompaño a quienes están decididos a mirar dentro, a quienes entienden que la prevención no es controlar el futuro, sino construir coherencia en el presente.



Coherencia no es perfección. Es vivir despierto.


Para mí, vivir con coherencia no es hacer todo “bien”, ni cumplir con ninguna lista.

Es hacer lo que sientes, y hacerlo de forma consciente.

No vivir en piloto automático.

Escucharte antes de obedecer.

Elegir antes de reaccionar.


Y sí, es muy fácil escribir estas letras.

Tampoco soy perfecto y no siempre cumplo con ello.

Pero sí intento vivir de manera presente, preguntarme por qué hago lo que hago, por qué tomo ciertas decisiones. Y claro…


Cuando estás en coherencia contigo, lo sabes: el cuerpo se relaja, las ideas se aclaran, la energía fluye distinta.

Y cuando no… también lo sabes: te sientes dividido, inquieto, sin dirección.



No todo depende de ti. Pero tú sí dependes de ti.


Hay una parte de nosotros que nadie puede tocar.

Ni el sistema, ni la rutina, ni lo que los demás esperan.

Es ese centro interno desde el cual decidimos cómo posicionarnos ante lo que pasa.


No hablo de teorías. Hablo de entrenar ese músculo que te permite esperar, observar y discernir.


A veces, la decisión más saludable es no decidir todavía.

Esperar antes de reaccionar.

Dudar antes de asentir.

Observar antes de interpretar.



El arte de ver claro


Cada día tenemos miles de pensamientos, pero no todos son verdad.

Cada emoción nace de una interpretación, no de un hecho.

Y esa interpretación es la que puede hacernos libres… o esclavizarnos.


Cuando trabajas la capacidad de ver con claridad, dejas de vivir atrapado en tus suposiciones.

Aprendes a distinguir lo que depende de ti y lo que no.

Y en ese filtro, muchas veces, desaparece el sufrimiento innecesario.


Créeme, he pasado y paso por todo esto.

Pero al ir aplicándolo un poquito cada día, consigo entrar cada vez más en un estado de paz.



La salud empieza en cómo vives lo que vives


Como cofundador de AECyTS, he visto una y otra vez que el mayor alivio no lo trae una dieta, ni un test, ni una pauta.

Lo trae la coherencia interna.

Ese momento en el que alguien deja de exigirse perfección y empieza a escucharse de verdad.


No acompañamos síntomas. Acompañamos procesos.

No ofrecemos soluciones cerradas. Abrimos caminos.


Y lo hacemos porque creemos que la salud no es solo algo que se tiene:

es algo que se cultiva cuando la forma de vivir se alinea con lo que uno realmente es.



Reflexión final


No hay suplemento que compense una vida que no sientes como tuya.

Y sí, es incómodo mirar hacia dentro, pero más incómodo es vivir toda una vida sin haberte habitado de verdad.


Yo estoy en ese proceso. Es difícil, sí. Pero merece la pena.


JC
 
 
 

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