Hoy he vivido sin fuerza de voluntad (y ha sido un gran día)
- Eva Lorenzo

- 12 jul
- 3 Min. de lectura
Hoy es domingo.
Y no he tenido fuerza de voluntad.
Ayer por la noche me prometí que me levantaría pronto, saldría a correr, haría cosas para mí… En mi cabeza, la escena era casi cinematográfica, con la música de Eye of the Tiger sonando de fondo. Pero la realidad fue muy distinta.
A las 8:30, en lugar de ponerme las zapatillas, estaba negociando con la almohada.Remoloneé hasta las 9:10. Sin energía, sin ganas, sin ese impulso glorioso que a veces esperamos que aparezca por arte de magia.
Además, mañana vuelvo al trabajo tras una semana de vacaciones, y lo reconozco:en mi cabeza rondaba la duda… ¿Estaré con el síndrome posvacacional?
Pero me levanté. Y salí a correr. Y mientras corría, mi mente me disparaba todo tipo de excusas para parar y volver a casa: “Es muy tarde.” “Hace calor.” “Vas a oxidarte entera con tanto radical libre.” “Con el estrés que llevas, esto no es buena idea.”
Pero también había otra voz, más serena, más entrenada, que decía: “Esto es solo tu cerebro intentando ahorrarte esfuerzo. Pero tú puedes ir por encima de eso.”
Después de correr, otra pereza: la piscina. Normalmente me lanzo como un delfín en fiesta. Hoy no. Hoy también me daba pereza. Y otra vez, lo hice igual. Desayuné. Trabajé. Hice cosas que tampoco me apetecían mucho.
Hace poco, les decía a unas amigas que para mí es útil pensar en que hay dos cerebros dentro de nosotros:
El cerebro animal, que quiere quedarse donde está, sin riesgo, sin esfuerzo, sin incomodidad.
Y el cerebro racional, que nos permite tomar decisiones alineadas con nuestro propósito.
A ese cerebro perezoso y saboteador lo bautizamos con el nombre de Cebri. Cebri es ese personaje interno que aún cree que vives en la sabana africana, encima de un árbol, comiendo fruta madura, sin exponerte al frío ni al calor, sin moverte, sin arriesgar, sin estrés… pero también sin evolución.
Y no pasa nada. Está bien que Cebri exista. Te protege, te cuida.
El problema es dejarle el mando. Por eso, en mi grupo, cada vez que aparece esa voz interna llena de excusas, hacemos lo mismo: visualizamos a Cebri y le damos una patada amorosa para apartarlo del medio. (Sí, a veces literalmente, con un gesto físico). Y funciona. Porque reírte de él es otra forma de quitarle poder.
¿Y qué pasa con la fuerza de voluntad? La fuerza de voluntad está sobrevalorada. Es útil, sí. Pero limitada. Se agota. No puedes construir una vida saludable y coherente confiando cada día en tener fuerza de voluntad para todo. Porque hay días, como hoy, en los que simplemente no está. Y ahí es donde entra algo mucho más potente: La disciplina. Y la toma de buenas decisiones, sostenida por herramientas reales que sí puedes entrenar.
¿Cómo entrenas tu cerebro racional?
No hace falta que te vayas a un retiro. Ni que te compres siete libros. Solo necesitas practicar, cada día, cosas tan simples como estas:
Respirar de forma conscienteCuando respiras por la nariz, más lento, y alargas la exhalación, activas tu sistema parasimpático.Eso te ayuda a calmarte, pensar mejor y resistir las ganas de sabotearte.
Comer de forma que te estabiliceOlvídate del subidón de azúcar.Si comes bien, verdadero, limpio, sin picos de glucosa, tu cerebro responde con más foco y menos ansiedad.
Mover tu cuerpo todos los díasNo solo para quemar calorías, sino para oxigenar, liberar tensión, generar dopamina saludable y regular tu energía.El movimiento ordena tu mente.
Dormir en serioEl sueño no es descanso; es reinicio del sistema nervioso.Sin sueño profundo, tu cerebro racional queda en segundo plano… y Cebri toma el control.
Tomar pequeñas decisiones que refuercen tu identidadLevantarte cuando dijiste. Comer lo que sabes que te hace bien. Practicar incomodidades voluntarias. Esas decisiones son las que construyen tu fuerza mental.
Siempre pienso:
Mente débil -> cuerpo débil y viceversa.
Y cada vez que eliges lo que te fortalece, incluso cuando no te apetece, estás fortaleciendo ambos.
Hoy fue un gran día. Y no porque lo sintiera fácil o glorioso. Sino porque no dejé que Cebri decidiera por mí. No necesité fuerza de voluntad. Necesité hacerle una reverencia a mi propósito, una patada a Cebri, y un paso más… aunque fuera con calor, pereza y dudas.
Desde AECyTS, creemos que la salud no se trata de perfección, sino de conciencia. De saber liderarte a ti mismo, sobre todo en los días sin ganas. Porque tu fuerza real no está en hacer lo que te apetece. Está en hacer lo que has decidido que te construye.
¿Y tú? ¿Has detectado hoy a tu Cebri?
Entonces ya sabes: Respira. Decide. Actúa. Y si hace falta… dale una patada y sigue caminando.




Comentarios